Francisco Álvarez Hidalgo


Francisco Álvarez Hidalgo nace en Los Corrales de Buelna (Cantabria) un 17 de abril de la Era Cristiana. (España - 1935).
Hacia el final del Bachillerato se despertó su primera inclinación a la poesía, aunque en aquellos años más que poesía pudiera hablarse de versificación. Sus poemas eran más deber de clase que auténtica vocación.

Estudió Filosofía en Salamanca en la década de los 50, y su auténtica vocación en aquellos tiempos, y aún después, fue la Historia.

Ejerció el profesorado durante unos años, y finalmente se trasladó a Madrid, haciendo un giro pronunciado en su vida profesional, entrando en el mundo de los negocios. La década de los sesenta residió en Madrid, la de los setenta en Montreal, Canadá, y a partir de 1980 reside en la zona de Los Angeles, en California, USA.
De sus años en Madrid datan sus primeros poemas. Y en Montreal también escribió, aunque de una manera esporádica.
Desde 1971 a 1997 se abrió un paréntesis de silencio literario en su vida, que no se interrumpió hasta su encuentro con internet en 1997. Desde entonces ha escrito con intensidad, casi con furia. Un total que excede los 1400 sonetos, 1400 breverías, y otros 700 poemas diversos, que ha ido publicando en una serie de páginas webs que recoge exclusivamente su producción.
El número de visitantes que han pasado por sus páginas webs supera los cuatro millones.
Se ha comprometido consigo mismo a publicar una nueva página web cada semana, con los poemas recientes, plan al que se ha atenido durante los últimos siete años.

En el año 2000 fue invitado a participar en el Concurso Internacional "Bellido Dolfos", y obtuvo el primer premio con su poema "La Asamblea de los muertos".

Ha publicado numerosos poemas en revistas y antologías de papel y electrónicas.

Su libro, "Mujer en la distancia", publicado en Granada en 2002, está agotado.


Entre sus series de páginas webs pueden verse las siguientes:

"Poesía del momento":
http://poesiadelmomento.com

"Postales poéticas":
http://poesiadelmomento.com/postales/indice.html

"Breverías":
http://poesiadelmomento.com/breverias/index.html

Esperándote


Se me enrosca a tu piel el pensamiento,
la sed de ti me abrasa las entrañas
y el hambre las perfora. Cómo arañas
toda mi arquitectura hasta el cimiento.

Y ni en queja prorrumpo, ni en lamento,
que mis tribulaciones, aunque extrañas,
podrán desintegrarse si enmarañas
el flujo de mi aliento con tu aliento.

Un tiempo fui tenaz enredadera
acoplada a tu tronco. Si pudiera
tender de nuevo sobre ti mis brazos…

O si al menos lograra erradicarte
de mis propios recuerdos…, que esperarte
no es más que un modo de morir a plazos.

Los Angeles, 23 de julio de 2005
 

 

Hermano

A Jaime Alvarez Hidalgo,
en lugar y fecha inciertos: 1937

Murió tal vez al apagarse el día,
en un rincón oscuro,
doble noche abrazando su agonía,
y el corazón sin estrenar, tan puro.
No sé dónde murió, ni cómo o cuándo,
ni tampoco por qué. Muchos murieron
defendiendo una idea en cada bando,
bando que les fue impuesto o escogieron.
Morir por una causa, una doctrina,
justa o falaz, puede tener sentido;
hay una meta que alcanzar, genuina,
aunque todo el que muere es un vencido.
Pero siempre, en el último momento,
quien se desangra adquiere el sentimiento
de que su muerte no habrá sido en vano;
y aquél que muere solo, sin razones,
es como si una banda de ladrones
le sustrajera el alma. Ay, hermano…
Tantas veces te he visto, tantas veces,
nunca te conocí, pero apareces,
sombra insistente que a partir se niega;
he recreado tantos escenarios
de tus últimos días que me llega,
como si fuera mía, tu congoja.
Cuando el otoño opaco se deshoja,
cuando el invierno se arreboza en nieve,
la primavera a florecer se atreve,
o se abrasan las rocas en verano,
tú llegas a mi lado, pobre hermano,
con el brazo tendido,
y no sé si requieres asistencia,
no sé si tu rumor es un gemido,
o si en esta presencia
me envuelve el regocijo del abrazo
que nunca recibí, que me usurparon
aún no sé si el cuchillo o el balazo.
Muerto sobre la tierra. Galoparon
tus recuerdos al ver la última hora
serpear hacia ti; llegó la aurora,
pero ya no hubo luz, no hubo rumores,
era la noche larga,
la noche que destierra los temores,
la noche ya ni lúgubre ni amarga,
la noche de la paz interminable.
Ay, hermano entrañable,
ay, hermano, perdido
antes de conocerte;
ni disculpo a la vida, que te ha huído,
ni le indulto a la muerte,
que descendió tus párpados distantes
antes de ver mi rostro en tus retinas;
ni perdono las manos asesinas
amarradas a mentes ignorantes.
Tal vez el sol tus restos entibiara,
tal vez la madre, compasiva tierra,
te cubriera la cara,
y al abrazo de Dios tu alma se aferra.

Los Angeles, 3 de octubre de 2004

 

Llovizna

Amparada en la pálida neblina,
como al acecho de mi piel, te veo
improvisando tenue ronroneo
que no se escucha, pero se adivina.

Resbalas sobre mí, llovizna fina,
con tacto de caricia, de aleteo;
qué suave incitación, qué galanteo
sutil de cortesana o concubina.

Cerrado mi paraguas, y yo abierto
a tus dedos minúsculos, advierto
cómo cada uno en levedad me toca.

No sé si me apaciguas o estremeces,
pero al cubrirme de humedad, pareces
un beso ligerísimo en la boca.

Los Angeles, 23 de julio de 2005

 

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Espanha/EUA

 

Música: Bolero de Ravel

 

 

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