Carlos José Barrales

Mi nombre es Carlos José Barrales, argentino, nacido en la Provincia de Santa Fe, Localidad de Jobson Vera el 12 de Abril de 1941.
Me crié parte de los años en Alejandro Korn, y he vivido gran cantidad de mis años en Mar del Plata, Buenos Aires.
A los 16 años de edad, tuve la hermosa oportunidad de entrar a la Marina y poder de ésta forma conocer grandes personas como también países del Mundo y sus costumbres.
Como hobbie juego al ajedrez, y una dedicada pasión que tengo por las letras, hace unos años atrás, me hizo comenzar a volcar al papel mis ideas en cuentos y novelas.
Es de ésta forma, que empecé a interiorizarme más en la Literatura, y a integrar algunos talleres literarios en Mar del Plata y a participar de Concursos.
Ahora, en éste último tiempo, tengo otra gran posibilidad que es la de conocer más y nuevos amigos del Mundo, lo que me deja muy satisfecho en mi vida. Puedo también conocerlos a ellos, sus bellas obras, gracias a ésta moderna herramienta que es Internet.

TRES COLORES

Quiso la niña escribir, como el poeta, su padre
quiso la madre saber si era capaz de pintar,
quiso la abuela terciar-la niña debe soñar.
Para que penas no haya surgió de pronto una idea que las cosas aclaró.
Dicen que por esas calles de las horas no vividas
vaga triste y sentida una niña dolorida,
entre consuelos y charlas, un ángel la izó del suelo
para hacerle conocer, que no lejos, en el cielo,
había colores preciosos que debía conocer.
Dichosos los serafines, enseguida la adoptaron
y, entre caballetes, paños y colores
con coraje y entre todos, le enseñaron a pintar.
-Oye niña no te apures, aquí no debes fingir,
solo debes hacer lo que tu corazón te pida.
Para eso toma el lápiz, la tinta o la tecla, si prefieres
y si confundida estás ¡adelante!, nunca mires para atrás.
Cada frase describe lo que acabas de pensar,
bien se trate del presente, pasado o porvenir.
No te aflijas, es muy fácil, aunque no quiera salir,
solo te falta saber que colgada de una letra,
un pincel o un color, por el reino pasarás
de tres hermosas princesas con las que puedes contar.
Una es dócil y delgada, el azul es su color,
por su contorno se sabe que es la bella ILUSION.
Otra, su hermana mayor, siempre de verde estará
ESPERANZA, así la llaman por ser hija del amor.
Y la otra, por traviesa aún no tiene color.
Ella no es linda ni fea, solo se llama IDEA.
Te seguirá a todas partes, como pequeña es,
se subirá a tu regazo y de ahí a tu razón,
escarlata es el color con que la debes pintar.
Ahora sí, si quieres escribir, colorear seguro podrás
tu poesía favorita con los colores preciosos
que te acabo de nombrar.
No te debes olvidar que la abuela ansiosa está,
que tu sueño hoy se haga, una hermosa realidad.

 

LA AGENDA

Aún me esfuerzo por creer lo que dice el memo “Ryan ya no pertenece a la empresa”. Imposible, él conocía todos los puestos, cuando se presentaba alguna complicación de las llamadas insolubles, siempre algún jefe a escondidas recurría a él, el viejo siempre supo sacar las castañas del fuego. Se mostraba tan concentrado en su trabajo que infinidad de veces pasé delante de él sin que me registre, sin embargo, sabía que nada se le pasaba por alto.
Cierta vez, Axel, con un plan maquiavélico pretendió arruinar a la empresa, cuanto todo parecía perdido Ryan, quien otro, encontró la solución, todos se lo agradecimos y él lo dio como algo natural.
Hace aproximadamente un año, cuando falleció Elio Cruz, el mejor gerente de JB&Asociados, comenzamos a darnos cuenta que la estrella que lo acompañaba estaba cambiando de rumbo, sin embargo, cuando se lo sugerimos él restándole importancia dijo: “en la vida todo es relativo, hasta la relatividad”.
En la última reestructuración fui a parar al séptimo piso, pegado a la gerencia, desde entonces en mis planillas encuentro más complicaciones y tengo menos tiempo para resolverlas; por suerte, cada vez recurro más a la vieja agenda que Ryan dejó “olvidada” en mi escritorio. En ella no se ven más que una ordenada e interminable cantidad de números, al principio creí que se trataba de una base de datos para ganar en la rula o complicados enredos para pegarla en los burros, recuerdo su voz diciéndome al oído: “en la quinta ponle todo a Huayquina, no pierde...”. Me pasé varios fines de semana tratando de descifrar aquellos cálculos, lo único que conseguí con fuerte dolor de cabeza. Éste insondable maremagnun de números pasó a ser mi mejor aliado dentro de la empresa y el mejor secreto guardado dentro y fuera de ella.
Hice una copia en la Comput. y se la di al negro Dimas, éste aparte de ser mi mejor y único amigo es un reconocido profesor de matemática superior, a la semana me la devolvió diciendo que no servía para nada.
¿Para nada?, hace dos meses el escurridizo señor Méndez, el nuevo gerente me mandó el último balance para que con la ayuda de Silvina, su secretaria, ubicara un error que ninguno de ellos fue capaz de encontra. Fueron varias noches bebiendo y comiendo como un rey, casi una luna de miel con ella, muchas horas extras, me gané la consideración de Méndez y los elogios de Silvina.
El tema fue así, la segunda noche que nos quedamos, como a las tres de la mañana ella cansada y apurada por el apriete, se fue a su casa. Un cuarto de hora después con el archivo cargado en la máquina, me fumé un pucho y buscando en la agenda los últimos veint.... ¡No!, no lo puedo contar, el caso es que mágicamente en la agenda comenzaron a moverse algunas cifras y otras a cambiar de color, entendí el mensaje y elegí las de color verde, de inmediato el programa encontró el error.
Saqué los resultados del archivo y el último día de plazo los hice aparecer. No es la primera vez que me pasa, pienso que con esta agenda fuera de la empresa me hago millonario.
Después de Dimas vinieron un par de colegas especializados en egiptología, tras largos y sesudos debates llegaron a la conclusión de que tan extraño contenido sólo podía pertenecer a algún eslabón de la doctrina de Hermes Hermenegildo. Terminamos confesando que no reconocían un sentido cabal a las cifras ordenadas, a tal punto que se negaron a conocer la procedencia de esos datos, seguramente estos personajes callados y sigilosos temían la maldición de los faraones.
Hice buenos negocios, me gané a Silvina y la empresa comenzó a quedarme chica.
El memo de ese trece de Diciembre decía: “El Señor Nicolás Ventura ya no pertenece a la empresa”.
Esas sentenciosas palabras repetidas con asombro por sus compañeros, fueron como un epitafio con el pobre Nico, quien les gritaba desde una de las hojas de la agenda: “es una trampa, cuidado!....”. Sería el señor Méndez quien encontrara tiempo después, la vieja agenda dentro de los cajones de su escritorio.

 

CUPIDO

Caminaba por Callao, hacia el norte, una caluros noche porteña absorbiendo cada resquicio de aire fresco que por azar interceptaba, cuando, de pronto note que se apoderaba de mi una especie de clarividencia exacerbada.

Éstas sensaciones suelen acompañarme a plazos irregulares y, lejos de producirme un acto de rebelión contra el mundo, me predisponen a aceptar lo nuevo y mediato de su anuncio.

El fenómeno no fue impulsivo y violento, como en otras oportunidades, aún así, sin proponérmelo crucé la calzada y me detuve delante de la vidriera iluminada de una librería donde exhibían costosos volúmenes de arte. Uno de aquellos grandes volúmenes, abierto, mostraba en sus páginas centrales la reproducción de dos estatuas egipcias. Una de ellas, “Micerino y su reina”, consiguió atraparme por su perfección casi matemática y, deslumbrado, casi enceguecido como San Pablo”fotografié” aquella imagen asistido por lo mejor de mis neuronas.

La otra página mostraba una estatua de basalto representando a un hombre sentado; su entorno era tan abstracto que me recordaban la estructura de un cubo. Las rodillas y el pedestal estaban cubiertas de jeroglíficos. No se cuanto tiempo permanecí inmóvil y emocionado.

Me aleje poseído por una visión de perfección matemática que, por extraño contraste, había sido creada sobre seres vivientes. Comprendí, en ese instante, que la vida que la gente leva en la ciudad era la antítesis entre el hombre moderno y esa poderosa imagen de perfección.

En el descanso nocturno, aún excitado por la beneplácita visión, comenzaron a congregarse en mi mente oníricos personajes habitantes de las cuencas del milenario Nilo, quizás extractadas de “Sinué, el egipcio” cuya versión había leído en los albores de mi juventud.

Por sentirme un entusiasta investigador de las mas heterogéneas formas de comunicación de las congregaciones humanas, dentro y fuera de su contexto social, me aboqué a situar las difusas y escasas imágenes que conozco de aquellos lejanos seres, al parecer, oprimidos por las exigencias de sus Faraones; entre otras cosas, obligados a cambiar de fe cada vez que sus reyes dejaban su paraíso terrenal convertidos en semidioses.

A través de los tiempos todo a cambiado por evolución natural. El ser humano de hoy posee mayor longevidad y participa de incontables actividades nuevas explotando su mayor capacidad para pensar aplicando estas nuevas actitudes en un asombroso desarrollo científico y social en todos los planos de su actividad, paralelamente, casi en la misma proporción, aumentó su demanda de confort y comunicación social.

Reconozco, en un plano general, que individualmente nos estamos alejando cada vez mas de la perfección mostrada en aquellas obras de arte, no por falta de capacidad, sino por estar asediados por las urgencias que las nuevas necesidades nos imponen.

En armonía con esto último, mi agraciada hija, de espíritu alegre, mente muy activa y firme personalidad, confundida por haber interrumpido su corto descanso, equivocó el lugar de una cita de trabajo. Azorada, al darse cuenta del error, luego de disculparse, pretendió retirarse del lugar que, para mayor confusión se encontraba lindero y era del mismo rubro que el de la fallida cita. Quien la recibió, un joven y gentil empleado, le rogó dejara sus datos y pretensiones, pretextando que, de acuerdo a sus conocimientos le ofrecerían la oportunidad para incorporarla al plantel de diseño gráfico.

Días después atendí el teléfono celular que ambos compartimos, una mirada y ella, literalmente, me lo quita de la mano contestando

_Hola..sí..qué suerte, anoche soñé con... _

Minutos después la vi pasar dentro de un moderno vehículo color arena, junto a su “Paulo” rumbo al norte de la ciudad.

Una vez más el eterno Cupido ha sabido proyectarse con precisión matemática, a través de los siglos, superando cualquier obstáculo para cumplir su delicada misión.

 

larioja2384@yahoo.com.ar


Argentina

 

Música: Libertango, de Astor Piazzolla

 

 

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