Aclis

Quiero...

Quiero...
Antes de partir, quiero pedirte Dios
algunas cosas; momentos nada mas,
cosas hermosas, que he llegado a vivir,
dándome cuenta, que la vida es preciosa
cuando tu mano me animó a seguir
mostrándome el camino de las rosas.
Quiero...
llegar hasta el momento
en que mi madre me acunó en sus brazos;
que el nacer no sea solo un cuento
contado por sus labios,
y, así, sentir la sensación de parto
y la lágrima que acompañó su abrazo.
Quiero...
volver a mi niñéz y, en ella,
envolverme de familia e inocencia;
de juegos, de alegrías, de presencias
que no están, pero se sienten cerca.
Quiero...
llegar hasta el instante tan preciso
en que el daño que hice aún no esté hecho
y limpiarme de ello, sin tener que pedir
el perdón no siempre bueno.
Quiero...
recrear la infancia de mis hijos,
su manitos tan suaves en mi cuello,
envueltas en puré y, pegoteados,
los besos con sus mocos,
y sentir que no fue poco
su tiempo de pañales y bebés.
Quiero...
volver a llorar aquella graduación de Federico,
cuando me dí cuenta que ya no era un chico
y caminaba con rumbo diferente
a un tiempo de adultéz o adolescente.
Quiero...
escuchar de la boca de Agustina
cuando, tan chiquilina, ella me dijo,
envuelta en un secreto vergonzoso,
"tengo novio", y alegrarme
y no, como entonces, enojarme
cuando el amor es siempre milagroso.
Quiero...
abrazar mi vida, Dios querido!
y, en ese instante,
yo no te pido más, puedes llevarme;
dormirme en los brazos de mi amor
y despertarme en otros brazos fuertes;
que no le temo a la muerte
pues me espera
el hombre que me dio su vida entera,
aquel que un día se fue,
dejándome sumida en esta pena,
y poder abrazarlo fuertemente
y decirle lo que nunca me animé
por vergüenza... no sé.
Quiero...
poder verlo a los ojos
y saber que no se irá
y decirle, simplemente,
yo te amo, papá!

 

 ¿Dónde Estás?

Se secó mi laguna,
la que, en medio del parque,
se llenaba de espuma
que traía tu mar.
Se secaron las flores
que tu néctar bebían
y que, hasta sonreían,
al oírte llegar.
Enmudeció el silencio,
se hizo largo y profundo
como si el fin del mundo
se aprestara a llegar;
y me quedé dormida
tan vacía de sueños
porque, tal vez, no quiera
volver a despertar.
Esperé tus palabras,
como versos vivientes,
y tu voz resonando,
como si, de repente,
el recuerdo trajera
alguna primavera
con aroma a caricias
de tu rima primera.
¿Es que, acaso, no escuchas,
de mi voz, el lamento?
¿Es que, acaso, no oyes
mi sentir de dolor?
¿No susurra en tu oido,
de mi voz, lo que siento?
¿No lastima tu alma
esta pena de amor?

Una lágrima de sangre
de mi corazón brotó
y se perdió en la nada
porque, a tí, no llegó.
Y, en silencio, tus versos
que el tiempo no olvidó,
fueron desapareciendo
como un ángel sin voz.
Mas hoy, sigo esperando
que escuches mi canción,
la que brota del alma,
ansiosa de pasión,
y me regales versos,
de ésos que hablan de amor,
porque sólo con ellos
vuelvo a ser quien soy yo.

 

En tu Recuerdo

El sol apareció en tu ventana
y un aroma a glicinas perfumaba
tu triste habitación, esa mañana.
Y a tu mente acudió otra mañana,
donde tu madre, en sus manos, acunaba
el café con leche que llevaba
para brindar con vos.
Y una lágrima rodó por tus mejillas,
ahora acaloradas, y en mar se convirtió;
y regresaste al puerto de tu infancia
con pena y con dolor.
Qué tiempo ese tiempo que se ha ido!
adónde se escondió?
Adónde fue a parar tu nido?
que viento lo arrastró?
Lo hiciste navegar por otro río
y el barco, tan pequeño, naufragó;
lo dejaste boyar a la deriva
y nunca mas volvió.
Y te daba vergüenza su pobreza
y, el hogar de la infancia, fue borrado,
como quien quiere quitar de su cabeza
momentos malos.
Y vos, que eras todo un triunfador,
inventaste tu historia a tu manera,
temiendo lo que la gente dijera
tomaste un borrador.
Así perdiste los días de la escuela,
el barrio, la pelota, la de trapo
aquella toda rota, que armaron con pasión.
Perdiste las tostadas, mojadas en la leche
y aquel dulce leche que tu madre preparó.
Perdiste la inocencia, perdiste la decencia
y el lujo, por la vida, te perdió a vos.
Y ahora? qué haces con los recuerdos?
ahora que estás solo, dónde vas a buscarlos
si, después de borrarlos, tu alma se secó?
Ahora, dónde comés el guiso,
aquel que tu madre hizo, con todo el corazón?
Ahora que ella ya está muerta, se te cerró la puerta
y, el hogar de tu infancia, con ella se murió.
En tu recuerdo queda, aquella primavera
de glicinas y amor.
Quedaron los amigos como mudos testigos
que alejó tu corazón
y te quedaste solo, acunando recuerdos...
que angustia, que dolor!

 

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Música: One man's Dream

 

 

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